ADIOS A MI PADRE
Dos días antes nos vimos en mi sueño. ¿Te acordás? Los dos ángeles te llevaban del brazo y vos estabas radiante de alegría. Ya no había dolor ni vejez en tu cara. Estabas tan contento y tan joven.
-Mirá Cacho. - dijiste- Que bien que estoy. Y puedo volar. Ya no me duele nada Cacho. Me llevan de vuelta a casa.-
Luego te fuiste volando loco de alegría. Que suerte pensé. Ya había estado rezando para que Dios te llevara. Cuando te llamé el domingo pasado te sentí muy triste, muy dolorido. Te pedí que lo tomaras con calma y resignación y te prometí que iba a ir a verte para fin de mes. Tan lejos y tan cerca. Yo viviendo a miles de kilómetros pero siempre teniéndote junto a mí. Como siempre. Como cuando éramos chicos y vos jugabas con nosotros como un chico mas. Siempre fuiste tan bueno y tan divertido. Yo estoy llorando porque te extraño, pero también lloro de alegría porque volviste a casa. Al lugar donde vamos a volver todos tarde o temprano. Vos si que te ganaste el viaje y la estadía eterna porque has sido el hombre más bueno del mundo y Dios acaba de darte el premio.
Cuando desperté esa mañana tenía la certeza que tu alma ya se había ido con los ángeles. Te iba a llamar inmediatamente pero esperé un día mas porque el domingo era tu cumpleaños. Ochenta y cinco años. Feliz cumpleaños viejito. Cuando escuche tus balbuceos y el teléfono que se caía de tus manos me puse a llorar desconsoladamente. En ese momento comprendí que te había perdido. Yo me estaba preparando para viajar a fin de mes pero ahora era demasiado tarde. Luego me enteré que ese día tuviste ánimo y te sentiste feliz cuando vinieron todos tus amigos y familiares a verte. Sé que cantaste Happy Birthday y hasta apagaste las velitas, también que querías tomar champagne pero como no podías te dieron sidra.
El lunes 20 subí a la montaña como lo hago casi todas las mañanas y le pedí a Dios que te llevara. No era justo que sufrieras tanto después de haber sido tan bueno.
Cuando me dieron la noticia esa tarde no pude parar de llorar, como lo estoy haciendo ahora.
Gracias a Dios, pero te extraño mucho y no llegué a tiempo para darte el último beso.
Ayer volví a la montaña y estaba seguro que iba a verte, aunque sabía que esas son fantasías de la mente humana. Te busqué por todas partes pero no te pude ver, sin embargo sentí tu presencia. Me senté en una piedra y miré a mi lado esperando que te sentaras conmigo. Yo sabía que estabas allí y sentí tu presencia. Estabas tan feliz como cuando te vi con los ángeles. Ya no eras mas viejo. Aunque no te veía me daba cuenta que eras muy joven, como en las fotos blanco y negro de cuando te casaste con mamá. Eras por lo menos 20 años más joven que yo y que bien estabas. Ahora vas a estar conmigo para siempre en mi recuerdo.
Vos sabes que estoy llorando…
Déjame llorar un poco más porque siempre te he querido mucho y ahora aún más...
Cacho Marzo 24, 2000
In Memoriam Oscar José Castagna
Marzo 19, 1915 - Marzo 20, 2000