Las Cartas de Nicolas

Señor Rey de los Cielos, mendigo de las calles ;
no permitas que los vientos del tiempo apaguen
el fuego azul que el amor ha encendido en mi corazón.
Mantén mi alma pura y mis manos siempre abiertas para dar ;
que nunca mis palabras sean el dolor de mi hermano.
Señor de los pobres y los marginados,
de los libros antiguos en las escrituras nuevas ;
hazme valiente para enfrentar mis miedos
y sabio para aceptar mis limitaciones,
dame la fe de los niños y la paz de mis mayores ;
que tu nombre sea mi escudo.
Señor víctima del hombre, hijo del Padre ;
no sea tu voluntad que mis ojos se aparten de la realidad,
que la tibieza de lo superficial congele mi interior.
No quieras que mis sueños sean la causa de mi condena,
por el contrario,
deja que el hambre de cualquier hombre sea mi hambre,
que el sufrimiento de la gente se haga llaga en mí.
Danos tu luz para iluminar a este mundo
hundido en la negra noche de indiferencia.
Señor maestro del monte, sangre de la cruz ;
haz que tu mensaje se haga voz en mis labios,
lléname de tu espíritu,
que mi lengua sea una espada de fuego
para alzarse contra las injusticias del hombre.
No permitas que me entregue.
No, no nos niegues tu gracia a nosotros tus hijos
tan ciegos de soberbia y egoísmo como para no advertir
la simple belleza desatada del amor que nos has dado.

Nicolas Dal Zotto
Enero 1999